Esto me huele mal

Cuando el guardia civil informó a su compañero acerca del registro que estaba llevando a cabo en el coche de mi amigo para ver si encontraba algún tipo de droga o arma (como el mismo especificó), lo hizo mediante estas palabras “Aquí no hay nada*, bueno, salvo mierda, mierda hay un montón” .

Es sobre coches y mierda de lo que quiero hablaros. Un tema apasionante donde los haya. Y es que quería contaros una leyenda negra acerca de una fábrica de coches en la que un servidor trabaja. Esta leyenda quizás no sea digna de un programa de Iker Jiménez pero os aseguro que está a la altura en cuanto a sordidez se refiere.

Un asunto apestoso
Un asunto apestoso

En uno de mis turnos y hablando con un veterano trabajador del equipo de mantenimiento me contaba como eran los locos locos años 90 en la fábrica. Mediante una sonrisa me hablaba de como el alcohol y las drogas ayudaban a la gente a “mantener el ritmo” de la cadena de montaje, “Hoy en día es algo impensable, ahora hay mucho control pero antes, wuuuu” decía el hombre con una cara de nostalgia de aquellos maravillosos años en donde la cerveza o la petaca de Soberano se mezclaba con el ensamblaje de ruedas.

Me preguntó si había visto algún coche en la línea de montaje pintado como un coche policía o de la guardia civil pese a llegar las carrocerías ya pintadas y le dije que no. A lo que él me respondió descojonándose “¿Sabes por qué?…“. Bueno, pues al parecer antes, en los locos 90 si pasaban. La carrocería aparecía desnuda con los galantes colores del cuerpo de policía o de la guardia civil dispuesta a que se le ensamblaran todas las partes. Haceros cargo de por cuantas manos pasa una carrocería hasta que se le ensambla cada una de sus partes y se convierte en un coche. Yo os lo digo por si no lo sabeis, más o menos un cojón. Supongo que ahí es donde entra el cálculo matemático de la probabilidad de que a una de esas personas que van a ensamblar algo le ha caído una multa o se ha enfrentado a la ley con desagradable resultado pero yo diría que más de una, dos o tres es bastante seguro.

La leyenda dice que cuando una de estas personas había tenido un encontronazo con la ley guardaba, traía una bolsa con mierda ya bien sea suya o del perro, a saber y esperaba a que en su turno apareciese el engalanado y futuro coche de los representantes de la ley. En cuanto pasaba, la bolsa de mierda era introducida en la carrocería y se tapaba con la parte que le tocaba ensamblar (por ejemplo los asientos traseros), enterrando de una manera muy jodida el zurullo.

"Asi que me salté el stop ¿no?. Toma mierda"
“Asi que me salté el stop ¿no?. Toma mierdaca”

No estoy aquí para comentar si está bien o no que conste, no vaya a ser que me venga alguien diciendo que no está nada bonito que mientras alguien intenta velar por nuestra seguridad tenga que soportar un olor de mierda metido en la nariz todo el rato o pensar que su compañero es la viva reencarnación del gólgota. Yo solo soy el narrador y entre tantas leyendas urbanas conocidas como la chica de la curva o la sonrisa del payaso es hora de hablar de los coches de mierda. No puedo probar que las palabras de mi fuente sean ciertas o no aunque sí es verdad que ahora a todos los coches de la policía o la guardia civil se les añade los distintivos una vez se han ensamblado todas las partes. Solo puedo acabar como acaba diciendo Iker Jiménez en estos casos “¿Casualidad? no lo creo“.

*Debiste mirar en los calzones, cerca de los testículos más concretamente.

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